Manuel Carlos Fernández Sánchez, cineasta y divulgador del cine andaluz. Análisis de la vinculación del autor con la prensa provincial de Cádiz

Mª Ángeles Fernández Barrero

Hacia un cine andaluz (Editorial Bahía, 1986) es la primera historia sobre el cine en Andalucía y sobre Andalucía en el cine. Publicada en 1986, es, sin embargo, fruto de un intenso trabajo de investigación emprendido por Manuel Carlos Fernández Sánchez en sus últimos años de estudiante de Imagen Visual y Auditiva en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. La obra trata de dar a conocer las aportaciones de Andalucía al mundo del celuloide, muchas de ellas desconocidas, precisamente porque lo que se ha dado a conocer es lo que no es Andalucía. Esta valiosa aportación abre el camino para nuevas investigaciones que irán configurando una historia real de la filmografía andaluza.

A lo largo de los años en los que tenía su publicación en mente, el autor fue enriqueciéndola con todas las producciones generadas en Andalucía, hasta llegar a Made in Japan, obra de Francisco Perales producida por Antonio Cuadri para Caligari Films y concluida en 1985. Pese a ello, la historia cuenta, hoy por hoy, con una ausencia importante: la de su protagonista.

Manuel Carlos Fernández aunó en un solo personaje todos los heterónimos y las múltiples facetas que, como amante del cine, podía albergar: de una parte, teórico, investigador, divulgador, crítico, docente, periodista y escritor; de otra, director, realizador, guionista, productor, montador, etcétera. Rafael Utrera ha asegurado en este sentido:

No creo yo que las inquietudes de Manuel Carlos se queden ni en la tarea de erudito ni en exégeta literario de nuestra cultura; sus intereses alcanzan el mundo de la imagen como medio de expresión y es con ésta y por ésta con la que él quiere dar testimonio de nuestra Andalucía. Ante el cine, con el cine está él empeñado en que los andaluces pasemos de espectadores a protagonistas (…). Tanto unos aspectos como otros advierten que los encontramos con un autor cuyas aptitudes cinematográficas y su sensibilidad para con lo andaluz auguran un futuro pleno de posibilidades (Utrera, Rafael, 1980).

La expresión de una auténtica estética de lo andaluz nutrió ambos aspectos de su vida, teoría y práctica de la imagen, ambas compaginadas a lo largo de toda su trayectoria con maestría. De hecho, el cineasta interpretó en su faceta más práctica cuantos pronósticos auguró para el cine andaluz, todos ellos marcados por la inexistencia de una industria sólida, circunstancia que propiciaba que cualquier iniciativa supliera la falta de recursos a golpe de ingenio y creatividad. Sobre el futuro del cine en Andalucía, el cineasta vaticinaba el 18 de febrero en La Tribuna de Algeciras: «Seguirá siendo un cine de títulos aislados, auque sí interesante, y donde cada proyecto tarda años en fraguarse». Y sobre su cine, reconocía: «En España es difícil hacer cine. En Andalucía, casi imposible. Realizar cine en el Campo de Gibraltar, ya podrán imaginarse. Es una tarea ardua y complicada, de extrema dificultad económica, técnica y artística» (Fernández Sánchez, 1988, p. 89). Estas palabras forman parte de “Sueños de celuloide”[1], una breve autobiografía del autor que abarca sus hazañas cinematográficas hasta 1988, fecha de publicación del artículo. Pese a que sus propias aportaciones a la filmografía andaluza son las que echamos en falta en una historia del cine en Andalucía.

El objetivo fundamental de este artículo es analizar la vinculación de Manuel Carlos Fernández con la prensa local de Cádiz, una relación fructífera, recíproca y bidireccional, que se materializa en una doble vertiente.

Por una parte, la prensa provincial de Cádiz atesora el papel desempeñado por Manuel Carlos Fernández Sánchez como cineasta, ha recogido muchas de sus experiencias tras las cámaras y su lucha continua por sacar proyectos adelante pese a las dificultades económicas. En este contexto, nos planteamos como objetivo recuperar la figura de Manuel Carlos Fernández como cineasta, una de las facetas menos conocidas de este teórico de la filmografía andaluza, analizar la repercusión de sus trabajos cinematográficos en la prensa local de Cádiz y reflejar el paralelismo entre las vicisitudes de su trayectoria profesional como cineasta y las circunstancias que auguró, como teórico de la imagen, para el cine andaluz, pues como si se tratara de la sinopsis de su próxima obra, la trama argumental de su vida fue todo un desarrollo de estas incipientes propuestas. Además, el artículo se plantea otro objetivo secundario derivado del proceso de revisión hemerográfica y bibliográfica: la reconstrucción del contexto histórico en el que desarrolla sus proyectos cinematográficos.

Por otra parte,  los periódicos con presencia en el Campo de Gibraltar actuaron como soporte de su voz y su palabra, materializada en textos con un profundo sentido crítico, en los que Fernández Sánchez trataba de despertar la conciencia crítica del espectador acerca de las posibilidades cinematográficas de Andalucía. En este sentido, abordaremos la participación de Manuel Carlos Fernández en la prensa provincial de Cádiz como divulgador de una conciencia sobre el cine andaluz.

Para alcanzar estos objetivos, recurrimos a la revisión hemerográfica de la prensa provincial de Cádiz entre los años 1976 y 1989. La hemerografía consultada, constituida por 45 textos informativos, procede del archivo personal del cineasta, integrado por recortes, muchas veces sin paginar, de los principales periódicos locales y comarcales con presencia en el Campo de Gibraltar, Algeciras y su entorno, como la revista Algeciras[2] y los periódicos La Tribuna de Algeciras[3], Área[4], Europa Sur[5], y Diario de Cádiz[6]. Además, los recortes se completan con informaciones de otras cabeceras con implantación regional y mayor tirada, como el diario Sur[7], de Málaga, Diario 16[8] o El Correo de Andalucía[9].

La prensa, testimonio de una vida dedicada al cine andaluz

Corría el año 1976 cuando los periódicos locales de Cádiz, fundamentalmente Área y Diario de Cádiz, comienzan a hablar del joven Manuel Carlos Fernández. Estudiaba entonces cuarto curso de Imagen Visual y Auditiva en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, aunque mantenía un contacto permanente con su tierra adoptiva. Nacido en el municipio de Benaoján, Málaga, en 1953, pronto su familia se traslada a Algeciras, la ciudad que despertó sus inquietudes cinematográficas.

Con su estreno en las páginas de estos periódicos asistimos al despertar de sus inquietudes cinematográficas. Manuel Carlos organizaba, junto con un grupo de amigos, «con sus barbas, melenas, inconformismos y tradicional rebeldía», según los describía Diario de Cádiz el 12 de diciembre de 1976, las I Jornadas Culturales de la Juventud de Algeciras, un ciclo cultural que incluía proyecciones de cine, representaciones teatrales, conferencias, audiciones y concursos para promocionar la cultura andaluza. En sus palabras afloraba su espíritu inquieto,  inconformista, y su voluntad por luchar por el desarrollo del cine andaluz. La existencia de una productora en Sevilla, la única, tampoco había garantizado hasta ese momento el impulso de un cine andaluz, según Manuel Carlos Fernández, porque pese al éxito de las obras producidas, estos productos no eran representativos de la idiosincrasia andaluza.

Por aquel entonces, Manuel Carlos, cargado de proyectos e ilusiones, según se desprende de la información publicada el 10 de noviembre de 1976 por el periódico Área, ya vislumbraba el camino que había de seguir el cine andaluz para emprender un proyecto de desarrollo: en cuanto a la producción, la descentralización del cine mediante la creación de centros de formación y producción regionales, así como la producción de obras en 16 mm para salvar el escollo económico; en lo referente a la difusión, la habilitación de nuevas salas de proyección a escala local, al margen de los monopolios, así como la potenciación de los mecanismos de selección del público, como la planificación de una programación de calidad y anticipada, con la obligatoriedad de distribuir una ficha técnica y una reseña crítica de la obra, o la creación de secciones de crítica científica en los medios de comunicación locales para contribuir a impulsar la cultura cinematográfica de los pueblos. Como si se tratara de la sinopsis de su próxima obra, la trama argumental de su vida profesional fue todo un desarrollo de estas incipientes propuestas.

Tras su participación, como docente, en los cursos de iniciación en la imagen en Algeciras, dentro del circuito de extensión cultural en barriadas, y sus aportaciones al Congreso de Cultura Andaluza, su salto oficial a la prensa en su faceta de profesional cinematográfico tiene lugar en abril de 1979, cuando la Unión Fotográfica y Cinematográfica Algecireña proyecta dos de sus trabajos en súper 8: El mar, la mar, un documental de 20 minutos rodado en el Puerto de Algeciras que contempla la lucha del hombre contra el mar para obtener el pescado, documental que sería distinguido en junio de 1981 en el I Certamen Regional de Cine de Camas y que sería proyectado en el Festival de Cine del Algarve en 1989, y El Fotógrafo, una historia de amor entre dos jóvenes con exteriores también rodados en Algeciras, que aborda, como ha precisado Joaquín Marín (2004: 399) temas poco tratados hasta ese momento en el cine español, como la homosexualidad. Poco después, se proyectan Urbanismo, Hoy. Diálogos a Cuatro Tiempos, de línea argumental y realizado en 16 mm, aunque ampliado después a 35,  y Algeciras: 100.000 habitantes, un documental de 20 minutos realizado en súper 8, ambos por primera vez subvencionados por el primer ayuntamiento democrático de Algeciras.

Preparaba Mosaico de Andalucía y, hasta esa fecha (1979) ya había concluido varios argumentos y documentales: Un día más (1976), que trata de los problemas sexuales de la juventud de la década de los 70 y su lucha por superar los clichés de la educación religiosa recibida; La Axarquía Árabe, Campos de Málaga (1976), documental sobre esta comarca malagueña; Mi Colmena (1979), Ford y otras guerras (1979) y La noche del vino (1977). Posteriormente dirigiría un cortometraje sobre el desequilibrio medioambiental bajo el título Informe sobre el desequilibrio económico en el campo de Gibraltar. Como él mismo comentaba en una entrevista concedida el 22 de junio de 1979 al diario Área, su trabajo se desarrollaba de forma paralela en dos tipos de cine sobre los que no tenía una predilección clara: el documental y el argumento, la historia.

Cada uno es un mundo distinto. El documental es más difícil, aunque parezca lo contrario. Hay que tener una gran capacidad de observación y rapidez. Luego, a la hora del montaje, hay que estudiar cada plano muy bien, fotograma a fotograma, y darles un sentido. Sin embargo, para rodar un argumento, tienes que recurrir a tu imaginación simplemente y escribir una historia que a veces resulta difícil, teniéndote noches enteras sin dormir. (Fernández Sánchez, Manuel Carlos, 1979, Área).

Algeciras nutrió estos primeros trabajos del cineasta en varios sentidos: aportó los escenarios, los exteriores, los actores, los temas, la divulgación periodística, y también el público. De hecho, los cortometrajes fueron proyectados en diferentes colegios, asociaciones de vecinos, y en algunas ocasiones, cuando el formato lo permitía, en salas comerciales de la ciudad.

Área y Diario de Cádiz informaban puntualmente de cada proyección de estos cortos con la ilusión y el orgullo de quien ve crecer a sus propios hijos. En tan sólo tres años, Manuel Carlos Fernández había adquirido en estos medios la madurez necesaria para desprenderse de las apelaciones fraternales, y del «joven algecireño aficionado al cine» pasó a ser «el joven director».

Un cine con vocación andalucista. Blas Infante: 1979-1984

Uno de los capítulos más importantes de su trayectoria profesional cinematográfica gira en torno a la figura de Blas Infante. Las primeras noticias sobre el rodaje de una película sobre la vida del ideólogo andaluz se publican en noviembre de 1979, aunque todo parece indicar que tenía este proyecto en mente desde hacía tiempo. De hecho, con anterioridad, el 22 de junio de 1979,  había asegurado al diario Área que pronto comenzaría a rodar una película «más seria y comercial». Sin embargo, no resultaba fácil buscar financiación para el proyecto, porque hacer cine era costoso y las administraciones no daban facilidades. La fundación de la productora Axarquía Films en 1979 aspiró, por su parte, a solventar en gran medida estos inconvenientes económicos, al tiempo que le permitiría emprender el camino de nuevas producciones. Se trataba de la primera productora constituida como tal en la comarca, como ha señalado Juan José Téllez (1989, p. 58), dirigida, como ha precisado Joaquín Marín (2004, p. 398), a hacer un cine vinculado “a lo andaluz”.

Por el momento, “Axarquía Films” dio el impulso que necesitaba Un hombre, un ideal: Blas Infante. La prensa local y regional de los años 1979-1980 informa sobre cada escena del proceso de creación de la película, desde su génesis hasta su estreno. Da idea de este seguimiento el baile de títulos que se barajaron para el mediometraje: Un hombre, una bandera: Blas Infante, según figura la prensa de noviembre de 1979; Un hombre, una idea: Blas Infante, en abril de 1980 y, finalmente, Un hombre, un ideal: Blas Infante, en la prensa de febrero de 1980, cuando finaliza el rodaje.

El guión había sido escrito por Manuel Carlos Fernández en colaboración con J.L. Jurado-Centurión y la película contaba con la participación de la propia hija del protagonista, Luisa Infante, y su biógrafo, Ortiz de Lanzagorta. Habían servido de escenario los pueblos y ciudades que compartieron los azares del líder andalucista: Casares, Estepona, Granada, Ronda, Sevilla, Isla Cristina y Coria. Pero, lo que verdaderamente había hecho realidad el proyecto fue la participación desinteresada de los actores y todo el personal que colaboró en la producción de la obra.

En las entrevistas que concedía a los medios insistía en la escasez de medios que caracterizaba al emergente cine andaluz, la ausencia de una industria, y el ingenio con el que se suplían estas carencias. Así lo manifestaba, por ejemplo, en el número 8 del Semanario Gráfico de Información Algeciras el 18 de abril de 1980: «El cine en España está centrado en Madrid y Barcelona. Así y todo se está intentando hacer un cine andalucista sobre los problemas reales de este país y no sobre los tópicos que durante siglos nos han endosado».

Pese a que con posterioridad Manuel Carlos Fernández Sánchez asegurara en la revista El Paleto, en 1983, que esta película no es el trabajo del que se sintiera más orgulloso, no cabe duda de la impronta que Blas Infante dejaría en su trayectoria. Desde el punto de vista periodístico, representa su inserción en las páginas de los diarios de ámbito nacional. La mayor parte de estos periódicos coinciden en señalar la aportación que representa a la cultura andaluza, escasa de títulos, y el reflejo de las inquietudes más hondas de esta región. Pero, de entre todas las críticas, destaca el mensaje esperanzador que Rafael Utrera (1980) le dedica en Nueva Andalucía, antes incluso de que fuera posible el estreno, cuya presentación, en el Ateneo Popular de Sevilla, correría a su cargo.

Aquel 18 de noviembre de 1980, los motivos para el júbilo eran dobles, pues además del estreno, la cinta había recibido una mención Especial en el I Festival Internacional de Cine de Sevilla, en un apartado dedicado por primera vez al cine andaluz. Tal mención representaba un gran impulso para una cinta que, sin embargo, había nacido sin pretensiones comerciales al tratarse de un mediometraje de 16 mm de menos de una hora de duración. Las peticiones de copias eran continuas, según las informaciones publicadas por el diario Área en noviembre de 1984, y el mediometraje tiene que ser pasado a vídeo para atender la demanda de asociaciones de andaluces en Francia, Bélgica y Cataluña.

La película emprendió curiosamente un itinerario paralelo al comercial por asociaciones culturales, centros docentes, bibliotecas, cine-clubs y festivales de cine, que proporcionó una distribución aceptable por la geografía andaluza y nacional. La prensa de aquellos años da cuenta de las continuas proyecciones, que iban dibujando todo un mapa de conquistas. Área comentó que parecía infatigable en su tarea y él mismo aseguraba a este periódico el 28 de noviembre de 1980 que Un hombre, un ideal: Blas Infante le había producido «un agotamiento físico y mental momentáneo». El diario gaditano llegó a manifestar que el éxito de Carlos Fernández llegaba al punto de preocuparle, pues le hacía meditar mucho la nueva película que rodaría para que respondiera al prestigio alcanzado por su última cinta.

Cortometrajes y fórmulas alternativas

Entre proyección y proyección, llegaron proyectos y más proyectos, muchos de los cuales no llegaron a materializarse por falta de medios, como el largometraje La última tragedia, del que informa el diario Sur, de Málaga, el 14 de noviembre de 1984 o La última isla, recogido el 9 de octubre de 1987 por Área y Sur.

Pese a que sus intenciones apuntaban a cambiar definitivamente de cortos a largos, en 1981, toman, sin embargo, fuerza las primeras noticias sobre el posible rodaje de un cortometraje argumental que, bajo el título de Violencias, supondría un cambio de temática que rompería moldes con sus primeras producciones, como se afirmaba en Sur de Málaga en 1981. Pero no es hasta 1984 cuando se publican las primeras noticias certeras sobre el inminente estreno. Diario Sur llegó a afirmar, sobre el director, que «le sobra talento, le falta dinero» en su edición del 8 de septiembre. Este corto sería retransmitido junto a Un hombre, un ideal: Blas Infante por Canal Sur en 1990 y algunos años después por Televisión Española.

Conforme muchos de sus proyectos caían por la ausencia de un impulso económico, el cineasta dejó dormitar sus sueños de celuloide en 35 mm para adentrarse en fórmulas alternativas en el mundo de la imagen. En 1983, los medios locales informan de la apuesta en marcha de un proyecto piloto de Axarquía Films, una vídeo revista semanal que, bajo el título Campo de Gibraltar, aspiraría a convertirse en un elenco informativo a través del vídeo. La prensa local destacaba el carácter pionero de la iniciativa, no sólo en España, sino también en Europa.

Por otro lado, Baelo Claudia, Bolonia y Los tajos de Bacinete formaron parte de los primeros documentales, todos ellos centrados en temáticas propias del Campo de Gibraltar. «El vídeo no es más que una nueva forma de difusión del cine», «un perfecto aliado», aseguraba el cineasta el 27 de enero de 1985 en el diario Área, sin dejar de reconocer que se trataba de dos soportes bien distintos. Impartía entonces un curso de educación en la imagen por los barrios de la ciudad de Algeciras para despertar el sentido crítico del espectador, una actividad que compaginaba con sus rodajes cada vez que los breves intermedios se lo permitían.

1985. Fermín Salvoechea: visto para sentencia

Andalucía y el cine, su leiv motiv, le acompañaron a lo largo de su vida como una sombra, si bien es cierto que con Violencias intentó marcar un cambio en su trayectoria para adentrarse en una temática más universal. No obstante, no siempre podemos huir de los designios, y nuevamente lo andaluz llamó a las puertas de su destino. Sucedió en 1985, cuando obtiene el primer premio de guiones de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía con un corto sobre la vida de Fermín Salvoechea, el histórico anarquista gaditano. En realidad, tenía previsto que fuera un largometraje, había rehecho el guión hasta seis veces y era incluso anterior al de Un hombre, un ideal: Blas Infante. El millón de pesetas del premio le serviría para sacudir sus sueños de celuloide, y comienza así otro de los grandes capítulos del argumento que es su vida: Fermín Salvoechea: visto para sentencia, una película que pese a mantener los vínculos con Andalucía, presentaba un cambio de rumbo respecto a anteriores trabajos, según manifestó el propio cineasta el 5 de octubre de 1987 en  Diario de Cádiz: «Está dirigida sobre todo al intelecto, mientras que Blas Infante al sentimiento».

Son precisamente los guiones uno de los aspectos que más valoraba el cineasta. Había comentado en Europa Sur, el 28 de marzo de 1989, que «lo ideal sería conseguir unir la temática del cine europeo con la temática americana», pero era consciente de la imposibilidad de conseguir en España la simbiosis de ambos aspectos. Por ello, creyó fehacientemente en la calidad de los guiones como virtud para hacer frente a la técnica americana, como confesaba el 2 de mayo de 1989 al diario Europa Press: «Como no tenemos el dinero que tienen los americanos o los ingleses para hacer superproducciones, tenemos que jugar con buenos guiones, aprovechar que ellos los hacen más endebles y construir bien las historias, basarlas en la humanidad que puedan desprender los personajes, sus sentimientos».

Fermín Salvoechea: visto para sentencia es un film al menos oportuno, desde el punto de vista temático. De hecho, la Confederación Nacional del Trabajo lanzó un comunicado, publicado en Diario 16, Sur y Área el 9 de octubre de 1987 en el que lamentaba que la figura de Fermín Salvoechea hubiera sido vergonzosamente olvidada por todos hasta esa fecha. Quizás por ello, son numerosos los periódicos que siguen con interés el rodaje de la película, y de manera destacada La Tribuna de Algeciras, Sur, ABC, Diario de Cádiz, Diario 16 y Área. El rodaje se desarrolla en los barrios andaluces con los que el popular anarquista había tenido contacto. Pero el millón de pesetas apenas daba para empezar, y nuevamente la falta de medios se suple con ingenio y mucha paciencia: la realización se prolonga a lo largo de dos años y medio, a lo largo de los cuales Lucas Gallego, según revela  el 9 de febrero de 1986 La Tribuna de Algeciras, filma en súper ocho las incidencias del rodaje. La participación desinteresada de los actores Miguel Ángel Butler, Ramón Rivero, Pepe Barroso, Jesús Moreno Bogajo, José Chamizo y José Luis Muñoz, entre otros, hicieron posible un film en color, enteramente gaditano, en 16 mm, que finalmente no superó el coste de cinco millones de pesetas.

Manuel Carlos Fernández aprovechó la ocasión para pedir un mayor apoyo institucional, al tiempo que insistía en la importancia de crear una pequeña industria en Andalucía, como reflejaba Diario de Cádiz el 5 de octubre de 1987:

“En Andalucía todavía no se pueden hacer grandes superproducciones; lo importante es hacer otro tipo de cine, que se dé otra imagen de la región, hasta ahora muy deteriorada. Primero hay que potenciar el largometraje y crear una pequeña industria, pero sobre todo que no se haga una selección ideológica de los guiones, sino que productores y directores con experiencia reciban ayuda para lo que quieran hacer” (Diario de Cádiz 1987).

Sus palabras no cayeron esta vez en saco roto, y finalmente la Junta de Andalucía financia su conversión a 35 mm, circunstancia que posibilita su entrada en circuitos comerciales, que le abren las puertas de Cannes, mercado al que acude la cinta en 1989, dentro del certamen MIP-TV (Mercado Internacional de Producción) para la promoción y comercialización de programas audiovisuales de productoras europeas independientes, como recoge el 28 de marzo de 1989 el diario Sur.

El respaldo institucional arropó también la presentación pública del film en el Teatro Municipal Florida de Algeciras. Las crónicas del estreno destacan el auténtico diluvio de esa noche, aunque el temporal no impidió la asistencia masiva del público, más del esperado. La película gustó al público y a la crítica. Sur destacaba el 11 de noviembre de 1987 que el gran mérito del director había sido el de «conseguir que un reparto completamente amateur y de novatos en el celuloide hagan en su inmensa mayoría un trabajo que nada tiene que envidiar al de profesionales consumados», mientras que Diario de Cádiz respalda el 11 de octubre de 1987 las palabras de Juan José Téllez al asegurar que «la película conserva la tradición de lo que se llamó el cine militante, rinde tributo al de aventuras y sirve como vehículo didáctico al conocimiento de esa extraña costumbre llamada libertad». Precisamente libertad es lo que pedía el director para hacer cine en unas declaraciones recogidas por Europa Sur el 1 de abril de 1989: «Sería un mal realizador de películas por encargo. Las obras serían buenas en cuanto a la técnica, pero les faltaría el alma artística. Necesito sentirme libre»”.

El rodaje de Fermín Salvoechea: visto para sentencia había concluido en junio de 1986, coincidiendo con la presentación pública de su libro Hacia un cine andaluz, un recorrido por el cine del sur desde su primera proyección en Sevilla en 1896. La obra es parte de un exhaustivo estudio titulado Andalucía y el cine, su Tesis de Licenciatura dirigida por el catedrático Antonio Lara, y que, según Rafal Utrera (1980), le acreditaba como uno de los mejores conocedores de la filmografía andaluza. Ediciones Bahía materializa la publicación de la obra, que se presenta oficialmente en la Biblioteca Pública de Algeciras, con el respaldo de sus incondicionales Juan José Téllez y Manuel Fernández Mota, su padre, y cómo no, Rafael Utrera, que le dedica las palabras más afectuosas desde El Correo de Andalucía:

No está sobrada Andalucía de películas que se refieran a ella, menos aún de libros que se refieran a estas películas. La presencia, por tanto, de un volumen, editado en nuestra propia tierra, que clasifique, informe y opine sobre un bloque filmográfico de semejante temática, merece todo menos el silencio (Utrera, 1986)

Manuel Carlos Fernández es, en su opinión, «el símbolo de un David que calza su honda contra un poderoso Goliat habitante en las multinacionales de Hollywood; ciertamente que cuanto uno puede darnos, nos va a ser negado por los otros»” (Ibídem). Por su parte, Guillermo García Jiménez (1986) comenta que Manuel Carlos nos invita con esta obra a alejarnos de la estampa tópica y colorista y a adentrarnos en un cine que ahonde en nuestros problemas.

Hacia un cine andaluz es fruto de la observación y de un riguroso estudio por parte de Manuel Carlos Fernández, pero quizás sin pretenderlo, su heterónimo, el cineasta, padeció muchos de los pronósticos que auguró para el cine andaluz. El 11 de octubre de 1985, reconocía, por ejemplo, en Diario16, que el cine andaluz seguiría siendo «un negocio de francotiradores, de esfuerzos personales sin una industria sólida”, con todas las virtudes y todos los afectos que comporta. Sostenía, además que potenciar el cine de 16 mm en Andalucía, al tratarse de una fórmula “más versátil”, sin descuidar el vídeo profesional y el flete de pequeñas unidades móviles de proyección que se puedan ir exhibiendo de pueblo a pueblo.

Entre la publicación de la obra y su génesis han transcurrido tantos años que dan una idea de las dificultades que encontró el cineasta para hacer realidad sus sueños. La prensa local refleja la punta del iceberg, sus continuos esfuerzos por hacer un cine con vocación andaluza. El hielo sumergido está lleno de proyectos que nunca vieron la luz, una circunstancia generalizada en el emergente cine andaluz.

El director guardó con esmero las copias de las páginas de periódicos en las que aparecían sus trabajos, un dossier que frenó su ensanchamiento poco a poco, conforme se adentraba en las tareas docentes e investigadoras. Algunas secuencias, como la participación, en 1990, en el montaje y sonorización de una película dirigida por Julio Moreno sobre el historiador hispanista Gearld Brenan, que vivió en Andalucía hasta su muerte, apenas fueron reseñadas. Su dossier se cierra en agosto de 2000 con la publicación de un libro sobre la vida de Antonio Moreno (Antonio Moreno, un actor español en Hollywood), editado por la Filmoteca de Andalucía, el actor andaluz que triunfó en Hollywood, y del que apenas los andaluces conocen su existencia.

 

Películas dirigidas por Manuel Carlos Fernández reflejadas en la prensa provincial de Cádiz
Título Año Género y formato
El mar, la mar 1976 Documental de 20 minutos en súper 8
La Axarquía Árabe, campos de Málaga 1976 Cortometraje, documental, súper 8
Un día más 1977 Cortometraje, documental, súper 8
La noche del vino 1977 Cortometraje, documental, súper 8
Informe sobre el desequilibrio económico en el campo de Gibraltar 1977 Cortometraje
El Fotógrafo 1978 Cortometraje de línea argumental en  súper 8
Mi colmena 1979 Cortometraje, súper 8
Ford y otras guerras 1979 Cortometraje en súper 8
Mosaico de Andalucía  1979 No se aportan datos sobre su conclusión
Algeciras: 100.000 habitantes 1980 Documental de 20 minutos, súper 8
Un hombre, un ideal: Blas Infante 1980 Mediometraje en 16 mm, de 40 minutos
Urbanismo, Hoy 1982 Cortometraje, 16 mm. Ampliado después a 35 mm.
Violencias 1986 Cortometraje argumental en súper 8.
Campo de Gibraltar No especificada Vídeo revista semanal
Baelo Claudia, Bolonia y Los tajos de Bacinete No especificada Documental para vídeo
Fermín Salvoechea: visto para sentencia 1987
  1. 35 mm

La tarea divulgadora de Manuel Carlos Fernández en la prensa local

Manuel Carlos Fernández Sánchez mantiene con la prensa local de Cádiz, una relación fructífera, recíproca y bidireccional, que se manifiesta no sólo en la repercusión de sus trabajos, sino también en su participación directa en los medios provinciales gaditanos, en los que colabora con artículos reflexivos acerca del cine que necesita Andalucía.

Confesado admirador de varios directores extranjeros, como Kubrick, Fellini, Jhon Ford, Bertolucci o de la película Furtivos (1975), de José Luis Borau, según revelaba a Europa Sur  el 1 de abril de 1989, así como de los españoles Saura y Antonio Isasi-Isasmendi, director de obras como El Perro, Andalucía nuevamente llama a las puertas de su conciencia para animarle a reivindicar su conocimiento más allá de la imagen de charanga y pandereta. El éxito obtenido con Un hombre, un ideal: Blas Infante le brindó la oportunidad de escribir en medios locales, participar en programas de radio, como Travelling o Revista de Cine, de la Cadena Ser de Algeciras, y ejercer una tarea divulgadora centrada en potenciar los valores de un auténtico cine andaluz, en plena sintonía con las actividades docentes que desarrollaba en su tierra natal. Asimismo, Andalucía y el cine, la Tesis de Licenciatura en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid que le consagró como uno de los mejores conocedores de la cinematografía del sur, nutrió buena parte sus trabajos periodísticos.

Partiendo del Campo de Gibraltar, intentó desentrañar las aportaciones de esta tierra al cine, los personajes, los directores, los actores, las veces que le ha servido de escenario, las producciones, ampliando sus miras con los años, poco a poco, a otros pueblos de la comarca, y después de la provincia, y después de la región, de manera que su perspectiva inicialmente local se fue ampliando hacia planteamientos regionalistas. La oportunidad de participar en los medios con artículos reflexivos, como él mismo ha reconocido en distintas ocasiones, no fue frecuente, sino esporádica, debido a la dificultad de las investigaciones sobre los temas cinematográficos. En la comarca se enmarcan colaboraciones periodísticas con ánimo divulgador, como la serie “El cine en el campo de Gibraltar”, publicada por Área el 12 y el 13 de septiembre de 1981, “Prehistoria cinematográfica de Algeciras”, publicada en La Tribuna de Algeciras el 2 de diciembre de 1985 y  “Almadrabas: primer documental en aguas de la Bahía”, publicado en La Tribuna de Algeciras el 9 de diciembre de 1985.

El éxito alcanzado por los primeros escritos a iniciativa propia le brindó, a partir de 1991, la oportunidad de proseguir, a petición de los propios medios, con esta tarea divulgadora de la comarca del Campo de Gibraltar. Responden igualmente a esta línea “Llegada del cinematógrafo al Campo de Gibraltar”, publicado el 1 de febrero de 1992 en el suplemento cultural de Europa Sur “La Isla”; “Morenito de Algeciras, el primer personaje campogibraltareño en el cine”, publicado en Europa Sur el 19 de noviembre de 1995; “La Tarifa histórica en el cine mudo: un decorado para Guzmán el Bueno”, publicado en Europa Sur el 26 de noviembre de 1995; “El día en que San Roque Acogió a Margarita Xirgú”, publicado en Europa Sur el 3 de diciembre de 1995; “Jimena, Algeciras, La Línea, escenario cinematográfico para un italiano”, publicado en Europa Sur el 10 de diciembre de 1995; “Gibraltar en el cine”, publicado en Europa Sur el 2 de enero de 1996; “Juan Luis Galiardo: cine y televisión”, publicado en el suplemento cultural “Domingo” de Diario de Cádiz el 16 de mayo de 1993; y “Pemán en la pantalla”, publicado igualmente en el suplemento cultural “Domingo” de Diario de Cádiz el 16 de mayo de 1993.

Más allá de la comarca, publicó artículos como “El Sur, escenario cinematográfico”, en el suplemento cultural “La Isla”, de Europa Sur, 4 de enero de 1992 y “Leo Anchoriz: la espera de la muerte”, publicado también en el suplemento “La Isla”, de Europa Sur, el 1 de febrero de 1992, un recordatorio sobre la figura del actor, guionista, pintor y novelista almeriense, Leo Anchoriz, que pasó los últimos años de su vida en el campo de Gibraltar.

Pero de los temas andaluces destaca especialmente la figura de García Lorca, que ocupa buena parte de los primeros trabajos del cineasta, como los publicados en la revista Andarax de Almería, en 1978 (“Federico García Lorca en las pantallas”) y una serie de tres entregas en el diario algecireño Área en 1981 (Federico García Lorca y el cine”). En todos ellos, Manuel Carlos Fernández lamenta que el poeta granadino no hubiera encontrado en el cine español el eco que debiera, salvando las aportaciones de las cinematografías extranjeras, algunos tímidos intentos en cortometrajes españoles y el largometraje de Carlos Saura Bodas de sangre. La bibliografía es igualmente escasa, por lo que el cineasta algecireño reivindica un espacio para el poeta andaluz. En estos artículos, Manuel Carlos prosigue la tarea emprendida en sus tesis de Licenciatura analiza las vinculaciones de García Lorca con el cine y la cinematografía sobre la vida y obra del poeta y reflexiona sobre las aportaciones del cine andaluz a la cinematografía española, reflexiones que insisten en que Andalucía ha dado al cine español una extensa filmografía, generalmente tópica y alejada de la realidad histórica y social, cuando no un folklorismo mal entendido, contribuyendo a la creación de las repetidas y falsas imágenes que tanto lamenta.

Su interés por temáticas más universales se plasma, por ejemplo, en los artículos “Buñuel: trascendiendo el tópico”, publicado en la revista académica Ámbitos y “El cortometraje, una forma de expresión revitalizada”, publicado en  Cucarrete (1979), una revista editada por Colectivo del Sur en Algeciras, pero en ambos casos se mantiene la conexión con Andalucía. De Buñuel, por ejemplo, le interesó especialmente Ese oscuro objeto del deseo, una de sus últimas producciones rodadas en la comunidad andaluza,  y en el cortometraje ve posibilidades de futuro para la cinematografía andaluza:

La etapa que atraviesa España es mucho más realista, más humana y menos alienante. Y el público, o al menos determinado público, necesita ver reflejado en las pantallas sus propios problemas, su propia vida y sus momentos cotidianos, en una palabra, su propia historia pasada y presente. Y, hoy, por hoy, es el cine de cortometraje el único que le puede ofrecer esa posibilidad, sin menoscabo de que el público también siga asistiendo a las películas de evasión. Es el cine que se hace donde no hay una industria sólida, como en Andalucía (Fernández Sánchez, 1979).

La universalidad la aplicó en sus tareas docentes, universitarias y abiertas, por los barrios, por la comarca. A los algecireños, a los gaditanos, a los andaluces, les enseñó los fundamentos del lenguaje audiovisual, aunque este apartado apenas quedó reseñado en su dossier de prensa.

Conclusiones

La vinculación de Manuel Carlos Fernández con la prensa provincial de Cádiz se materializó en una doble vertiente. Por una parte, representa el testimonio de una intensa actividad cinematográfica apenas reseñada en los manuales y estudios académicos sobre la historia de la cinematografía andaluza. Los distintos textos informativos publicados entre los años 1976 y 1989 en los principales periódicos locales y comarcales con presencia en el Campo de Gibraltar, Algeciras y su entorno, principalmente los periódicos La Tribuna de Algeciras, Área , Europa Sur , y Diario de Cádiz reflejan una fructífera actividad cinematográfica, que conforme se adentra en temas regionales amplía su repercusión en otras cabeceras con implantación regional y mayor tirada, como el diario Sur, de Málaga, Diario 16  o El Correo de Andalucía. Por otro lado, ofrece a Fernández Sánchez la oportunidad de colaborar con artículos con un hondo sentido crítico sobre las necesidades cinematográficas de Andalucía.

Su escritura siempre ha tenido presente esta máxima, y Andalucía, por ende, ha protagonizado su cine y sus artículos. Una de sus máximas preocupaciones ha sido el interés por edificar una historia real de la filmografía andaluza, alejada de los tópicos, una historia en la que se deben recuperar personajes, temas y paisajes representativos de la idiosincrasia andaluza, así como impulsar guiones de calidad que potencian la imagen de una región alejada de los tópicos. Pese a ello, el cineasta también ha insistido en los grandes obstáculos del cine andaluz, como la inexistencia de una industria sólida, que repercute en pequeños proyectos que deben abrirse paso supliendo la carencia de medios económicos con ingenio y creatividad. Fernández Sánchez creía en la necesidad de descentralizar la producción y difusión cinematográficas, mediante la creación de centros de producción regionales y el fomento de las salas de proyección a escala local.

En su faceta más práctica, el cineasta interpretó cuantos pronósticos auguró para el cine andaluz, todos ellos marcados por la inexistencia una industria consistente. Una buena prueba de ello son sus propios cortometrajes, para los que se nutrió de escenarios, exteriores, actores y temas andaluces; los avatares sufridos por su primer mediometraje, Un hombre, un ideal: Blas Infante, un proyecto en el que tuvo que aplicar la creatividad para soslayar la carencia de medios; o la fundación de una productora propia, Axarquía Films, en 1979. Pese a ello, otros proyectos no llagaron a materializarse por falta de medios. Fernández Sánchez era consciente de las dificultades que entraña un rodaje en 35 milímetros, por lo que apostó por fórmulas alternativas, como el rodaje en 16 milímetros o la puesta en marcha de proyectos de vídeo, como el vídeo revista semanal.

Entre ambas facetas, la divulgación y el ejercicio, se detectan sinergias y paralelismos que desembocan en un proceso de retroalimentación constante. En su cine, por ejemplo, el cortometraje argumental Violencias intentó marcar un cambio en su trayectoria para adentrarse en una temática más universal y otros sueños se vieron frustrados por la inexistencia de una industria cinematográfica que respaldara los proyectos. En sus artículos, su interés por tratar temas más universales se ensombreció por el trasfondo del que nunca se desprendió, Andalucía, quizás porque sus inquietudes más universales contaron con un arraigo regional. La prensa le trató bien y entre ambos fructificó una relación beneficiosa para la divulgación, fructífera y bidireccional.

Las aportaciones de Fernández Sánchez, por tanto, merecen ser incorporadas al estudio de la cinematografía andaluza, en la medida que sólo a partir del estudio de cineastas representativos de  la comunidad podremos reconstruir la historia más reciente de la filmografía andaluza. En un contexto carente de iniciativas, Manuel Carlos estableció en el Campo de Gibraltar un foco cinematográfico desde el que nos invitó a conocernos mejor, en una apuesta decidida que, en palabras de Juan José Téllez, suponen «reiterarse en la ilusión de la libertad, pedir peras al olmo, adentrarse como pionero en un desierto y encontrar el oasis donde se refugian los adelantados»”[10].

Bibliografía y artículos académicos

Checa Godoy, Antonio (2011). Historia de la prensa andaluza. Sevilla: Ediciones Alfar.

Fernández Sánchez, Manuel Carlos (1978). Federico García Lorca en las pantallas. Revista Andarx, Almería.

Fernández Sánchez, Manuel Carlos (1979): El cortometraje, una forma de expresión revitalizada. Cucarrete, Colectivo del Sur, Algeciras.

Fernández Sánchez, Manuel  Carlos (1986). Hacia un cine andaluz. Algeciras: Editorial Bahía.

Fernández Sánchez, Manuel  Carlos (1988): Sueños de celuloide. Revista de Estudios Campogibraltareños. Algeciras: Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar, pp. 89-91.

García Jiménez, Guillermo (1986, junio). Carlos Fernández y el cine andaluz. Cajasur, publicación bimestral del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Año IV, nº 19.

Marín Montín, Joaquín (2004). Entre el cine, la investigación y la docencia: la obra de Manuel Carlos Fernández Sánchez. En Ámbitos, nº 11-12,1er y 2º Semestres de 2004, pp. 397-411.

Telléz, Juan José (22 de enero de 1989). El plató de Andalucía. Europa Sur, p. 58.

Sevilla Herruzo, Fernando (1966, julio). La prensa en Andalucía. Revista española de la opinión pública, nº. 5, Centro de Investigaciones Sociológicas, pp. 131-141. Disponible en: http://www.jstor.org/stable/40180765

Utrera, Rafael (3 de abril de 1986). Hacia un cine andaluz. El Correo de Andalucía, 3 de abril de 1986.

Utrera, Rafael (27 de marzo de 1980).  Presentación de Manuel Carlos Fernández Sánchez.  Nueva Andalucía.

Notas

[1] Texto disponible en: http://mancomunidadcg.org/IECG/doc/revistas/Almoraima%200-Articulo%2016.pdf

[2] Semanario gráfico de información regional, conocido popularmente como revista Algeciras. Era editada por la editorial Algecireña de Publicaciones, fundada por el periodista Jesús Melgar Gómez.

[3] La Tribuna de Algeciras, filial de la Tribuna de Marbella, fue fundada y dirigida por Rafael de Loma Rodríguez. Es una iniciativa periodística efímera que surge en 1985 en el Campo de Gibraltar y apenas dura trece meses en una primera fase y otros seis en su segunda y definitiva.

[4] El diario Área, de La Línea de la Concepción, Cádiz, estaba dirigido por Antonio Gómez Rubio, también propietario, y en la década de los sesenta tenía, según Sevilla Herruzo (1966, p. 131), tenía una tirada de 5.000 ejemplares, y no más de 3.000, según  Checa Godoy (2001, pp. 471-472). Este periódico remonta sus orígenes a 1956, cuando aparece como publicación bisemanal, aunque en el inicio de los años setenta pasa a diario. Checa Godoy le atribuye el mérito de mantenerse en un entorno en el que la tendencia es a la pérdida de prensa diaria, especialmente en ciudades como Algeciras.

[5] Europa Sur, propiedad del grupo Joly, fue fundado en 1989 como una apuesta para dar a la comarca gaditana del Campo de Gibraltar una cabecera propia que atendiera de forma más cercana la actualidad de una zona de características especiales marcada por su condición fronteriza.

[6] Diario de Cádiz, también propiedad de Federico Joly y Cía., con 16.000 ejemplares de tirada media en los años setenta, es un diario histórico en la provincia gaditana cuyo origen se remonta a 1867, «con una línea conservadora pero plural» (Checa Godoy, 2001, p. 507).

[7] El diario Sur, de Málaga, con 23.315 ejemplares de tirada en 1977, formaba parte de la prensa del Movimiento, aunque en 1984 sale a subasta y es adjudicado a sus trabajadores, transformándose en sociedad cooperativa, con 25.000 ejemplares diarios de tirada en el periodo analizado.

[8] Diario 16 inicia en 1982 una edición para Andalucía, con una acogida «discreta», según Antonio Checa (2011, p. 506), que además sostiene que «ejerce un periodismo crítico, con buen recurso a tareas de investigación».

[9] En la época del aperturismo (1966-1975) había girado hacia la izquierda y pasa a ser controlado por sectores católicos progresistas. Checa Godoy ha precisado que «tras vivir una buena coyuntura al inicio de la Transición, con José María Requena al frente, conoce asimismo una caída posterior, mucho más aguda, de su audiencia» (Checa Godoy, 2011, p. 507). En 1978 se hace cargo del diario Ramón Gómez Carrión, una « etapa  gris», según Checa. En 1977 la tirada, en ascenso, alcanzaba los 28.397 ejemplares.

[10] Declaraciones obtenidas de un artículo mecanografiado, con el título La ilusión de la libertad, encontrado en el dossier de prensa de Manuel Carlos Fernández Sánchez.

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