CFP – 2018

Cuando las memorias toman posición: la memoria cultural y sus mediaciones

Recepción de originales: 01/01/2018-15/05/2018

Los semióticos de la Escuela de Tartu Juri Lotman y Boris Uspensky definieron la cultura como la “memoria no hereditaria de la comunidad”, es decir, una memoria que no se transmite a través de los genes sino mediante un sistema de símbolos hecho de prescripciones y contradicciones, de restricciones y conflictos. Esto que Aleida Assmann, entre otros, llama memoria cultural se disputa a través de prácticas sociales que denominaremos mediaciones: procesos de circulación cultural que ocurren entre las producciones de sentido institucionalizadas y las apropiaciones que se hacen desde los usos de las gentes del común.

Si los usos políticos de la memoria seleccionan, estabilizan y tratan de neutralizar el pasado de forma intencional e interesada (un pasado común que se debe preservar y conmemorar, un pasado del que sentir orgullo y por el que se toma partido), las memorias que toman posición (Didi-Huberman, 2008) se movilizan y evolucionan a partir del impacto de los afectos reprimidos (Freud, Benjamin, Warburg), desvelando “un pasado aún vivo, plural y a contratiempo, activándolo para desestabilizar los autismos del presente” (Martín-Barbero, 2011). El redescubrimiento del trauma y la toma de conciencia de las heridas históricas (esto es, el paso de la narrativa del triunfo a la narrativa de la cicatriz, del lugar del heroísmo al lugar del sufrimiento de la víctima), cuando no encuentra reconocimiento en las figuras, iconos y símbolos institucionales (ya sea por censura, des-interés político o vulgar ignorancia), terminan supurando y exponiéndose a través de la cultura popular que se reproduce en lo masivo, o de lo masivo que se inscribe en lo popular (ya que las mediaciones son un desplazamiento de ida y vuelta).

A diferencia del uso político de la memoria que toma partido por la memoria común (una memoria-una, una memoria-cliché, de sentido común, cerrada en tanto que es la única versión autorizada y canónica), las memorias que toman posición sobreviven diseminadas y están construidas a base de interconexiones, de puntos compartidos pero únicos, un amasijo innumerable de monumentos, señales, huellas invisibles, victorias y derrotas (Delgado, 2008). La potencia de estas memorias no es en lo que han devenido sino lo que han de devenir, y lo que podrían haber devenido. Son memorias que no aspiran al poder, pero lo retan mediante la desfiguración del orden del tiempo que las políticas de la memoria y sus formas institucionales se encargan de fijar.

La memoria se ha convertido en un territorio controvertido y contradictorio, amenazada no ya por la supresión ni por la censura sino por la superabundancia de información (Todorov), así como por el “imperio de la instantaneidad” (Reyes Mate) al que se somete una industria de los relatos convertida en fábrica de presente, que aceleradamente pierde su conciencia sobre el pasado. Esta sensación de ruptura entre pasado y presente en una época de déficit de conciencia histórica y de amnesia generalizada tiene su contrapunto en el entusiasmo nostálgico por un pasado sobrerrepresentado de lo que se ha llamado la era de conmemoración: la expansión de museos memoriales y ciudades-museo, la turistización de espacios de la memoria, la fascinación por los diseños retro y vintage, la revalorización de los mercadillos de segunda mano, el auge de la novela y las series históricas en la televisión. Si bien las políticas mediáticas de la memoria habitualmente ayudan a articular una memoria común (que a menudo se corresponde con la memoria nacional) que se patrimonializa, mercantiliza y/o fetichiza, lo cierto es que el pasado nunca escapa a la disputa. Las memorias nunca pertenecen a un solo tiempo, sino que son una confrontación, a veces latente, una coexistencia de tiempos distintos en tensión. Se trata por tanto de pensar la memoria como palimpsesto, como collage, y no como narrativa lineal.

Como el espigador que recoge lo que queda o ha caído en la siega de la memoria, lo que se propone al investigador en el siguiente número de la Revista IC es la búsqueda y exploración de los modos en que una comunidad se relaciona con su pasado a través de estas mediaciones que suceden, a menudo de forma inesperada o fuera de lugar, en todo tipo de dispositivos sociales (materiales o inmateriales) del imaginario social que realice o pueda realizar en un momento dado una función simbólica de recordación.

En particular, serán bienvenidas las aportaciones que hagan hincapié en la toma de posición de la memoria frente a los siguientes elementos del sistema simbólico donde se disputa la memoria cultural: desde la propia historiografía a la legislación, la iconografía y la mitología, el territorio y sus fronteras, el discurso de los derechos humanos y la paz, banderas y emblemas, los mapas o las cartografías, las biografías de los héroes e ilustres, los monumentos o las ruinas, los libros de texto, las guías de viaje o el grafiti, el cine o el dark tourism, las plazas, los barrios (marginales), las músicas, los ritos o las celebraciones conmemorativas, el cómic, la fotografía, el arte contemporáneo, la ciencia-ficción o las prácticas digitales, la religiosidad popular, la superstición o los fantasmas y sus regresiones

Referencias

Assmann, A. (2011). Cultural Memory and Western Civilization: Functions, Media, Archives. New York: Cambridge University Press.

Delgado, M. (2008). Lo común y lo colectivo. El espacio público como espacio de y para la comunicación. Madrid: Medialab Prado. Disponible en http://medialab-prado.es/mmedia/0/688/688.pdf

Didi-Huberman, G. (2008) Cuando las imágenes toman posición. Madrid: Antonio Machado

Lotman, Y. y Uspensky, B. (1978). “On the semiotic mechanism of culture”. En New Literary History 9(2): 211–232. Disponible en http://faculty.georgetown.edu/irvinem/theory/Lotman-SemioticMechanism-1978.pdf

Martín-Barbero, J. (2011). El país que no cabe en el museo de doña Beatriz. Recuperado de: http://www.revistaarcadia.com/impresa/articulo/el-pais-no-cabe-museo-dona-beatriz/25905

Mate, R. (2013). La piedra desechada. Madrid: Trotta.

Todorov, T. (2013). Los abusos de la memoria, Barcelona: Paidós.

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